Bodegas Ojuel

Logroño y su Comarca
Bodegas, Gastronomía

Miguelito, como le conocen todos en el pueblo de Sojuela, recuperó en 2010 esta antigua tradición presente en muchos pueblos de La Rioja de hacer vino con las uvas que se habían vuelto pasas en las colgaderas de las casas. «Era un vino para celebraciones especiales. En algunas familias, el padre hacía supurao cuando nacía una mujer en casa y lo guardaba para consumirlo en el día de su boda…»

Además del Supurao (blanco y tinto), Bodegas Ojuel elabora otros vinos con variedades autóctonas recuperadas, como la garnacha blanca y el tempranillo blanco fermentado en barrica; la maturana tinta, garnacha y tempranillo fermentado en barrica; maturana tinta y mazuelo fermentado en barrica; tempranillo y maturana despalillado a man0… vinos artesanales y ecológicos.

Vinos tradicionales

Vinos a la antigua usanza, sin levaduras añadidas, sin ni siquiera adición de tartárico, vendimiados a mano, prensados en prensa manual.

Vinos ecológicos

Abonado orgánico y solo cobre y azufre como métodos de manejo de plagas, como se hacía en tiempos de la Hispania romana. Aunque con la tecnología de hoy, como los emisores de feromonas para la confusión sexual de lepidópteros, en lugar de pesticidas o sistémicos.

Vinos etnográficos

Investigando y recuperando variedades y métodos de nuestros tatarabuelos, como el vino ‘Supurao’, un vino ancestral, único, irrepetible.

El Supurao nace de la más pura tradición riojana, se trata de un vino dulce de baja graduacion alcoholica entre 9 y 10º. En sus orígenes, antes de la industrialización de la viticultura y la enología, los hombres y mujeres de La Rioja recorrían las viñas antes de las vendimias recolectando las mejores uvas para su propio consumo. Estas uvas se conservaban en los altos de las casas, colgadas en los lugares más sanos y ventilados. Allí dormían todo el invierno, supurando, concentrando sus jugos, pasificándose.

Era entonces, cuando la pasificación estaba avanzada y el invierno daba a su fin, cuando las uvas bien conservadas eran prensadas obteniendo un mosto muy dulce que hacía las delicias de niños y mayores. A este excelente zumo todavía le quedaba el paso por las bodegas y calaos, pues allí era donde sucedía ese acto mágico y místico de la conversión del mosto en vino. Ojuel, es el Supurao de Rioja que recupera, precisamente, esos valores perdidos por muchos con sus grandes equipos tecnológicos y sabores comerciales a medida. Ojuel guarda y representa el espíritu del respeto a aquellos agricultores y bodegueros familiares que veían como al calor y al mimo, sus mostos hervían, fermentaban y se convertían en los mejores vinos posibles.

Como curiosidad: el Supurao de Rioja tenía unas fermentaciones muy largas, de meses y, en la mayoría de los casos, insacabadas, lo que daba lugar a ver como los corchos y tapones saltaban y las botellas se sobraban.
Tras la primavera y algún trasiego, el Supurao está listo para su consumo. Era y es muy apreciado y cotizado debido a su dulzura, buen sabor y a su escasa producción. En muchos casos la elaboración de estos caldos se realizaba de forma comunitaria, de manera que cada vecino aportaba parte de las uvas y el trabajo para más tarde ser repartido entre todos loa habitantes del pueblo. Servido como desayuno, aperitivo o postre, se les daba a enfermos y ancianos. Antes y después de las largas jornadas de trabajo en el campo el Supurao era disfrutado como un delicioso vino al que, ni las nuevas tecnologías y las explotaciones, han logrado hacer perder sus raíces, sabor y olor característicos.

Ubicación y contacto

c/ Mayor, 49
669 923 267 – 629 455 157

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